La simpatía urbana se ha mudado definitivamente,
ahora vive en las caras de los perros y les hace felices
hasta en los pequeños placeres de la vida,
como olfatear las esquinas meadas.
La suciedad se posa como bandada de aves en el asfalto
y el cemento,
donde no va a ser molestada,
siquiera percibida,
porque de cotidiana se hizo invisible esencia de la colmena humana.
Una música de piano sale borracha y trastabilla en el aire,
burlona del drama urbano.
Personas.
Por la calle.
Algunas encerradas en cuerpos
donde hizo malévola travesura la fealdad,
otras, de aspecto espléndido, equilibrado, esbelto,
se exhiben como alimentos exquisitos
que serán servidos en quién sabe la fecha
a comensales viscosos.
Y como no,
la risa
la hoguera en el pecho que,
avivada por el pensamiento,
flamea en carcajadas.
El placer de reír
deja un hueco vacío que se llena de vacío,
para experimentar la frustrante insatisfacción de estar satisfecho,
de haber perdido el deseo de reír,
hasta la próxima vez.
2 comentarios:
GUAY DEL PARAGUAY
Gracias!
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