martes, 13 de enero de 2009

El río





No creo que tanto le costase al río
decirme que soy reflejo de sombra como tantas antes
a su vera milenaria lo fueron en su importancia:
ninguna.
Golpeo mi cabeza contra una piedra, le riego la corriente,

le tiño carmesí,
(quien sabe si sea ése el único lenguaje que entiende)
y diluye mi estupidez hasta enmudecerla en su vasta indiferencia.
Ni un momento se detiene,
seguramente no le sorprendí,
qué sabe nadie en qué siglo y batalla

le aburrieron a beber sangre...





No hay comentarios:

ir arriba